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CAMBOYA, de la triste historia a la sonrisa constante

Cuando llegamos nos parecía que la gente nos ponía mala cara, pero según avanzaron los días, y sobretodo según nos alejamos de la capital, el paisaje cambió hasta llegar al “hola por minuto”.

Pero así empezaban nuestros días en Camboya, aprendiendo historia como una patada en el estómago…

La triste historia

Todas se entremezclan. Las guerras mundiales, las civiles, los perturbados que las manejan. Todo está perversamente conectado… Hay un país que haya vivido en paz?

No se puede pasar por Phnom Penh sin hablar del genocidio camboyano, porque es tan reciente que quema, porque forma parte de su “ruta turística” ahora mismo. 

Los padres del conductor del tuc-tuc fueron víctimas o verdugos (que fueron víctimas igual…). Y toda persona mayor de 40 años la vivió en su propia carne, de un lado u otro de la historia. 1979 fue el final.

Camboya no era lo que es. Era y es un país precioso, que estaba en desarrollo. Pero llegó la guerra de Vietnam… y llegó Pol Pot y sus colegas los Jemeres Rojos y decidieron acabar con él. 

Antes de empezar su particular purificación de la población en pos de un comunismo agrario, estuvo en Francia estudiando (no mucho, estaba más por la política) y se casó con la primera mujer camboyana en conseguir un diploma. Nada relevante excepto por lo que vino después.

Al volver a su país fue profesor de francés y una vez llegó al poder en el 75  se dedicó a exterminar todo futuro. Toda persona con estudios o indicio de vida intelectual, con idiomas, a sus propios profesores, a familias enteras. Llevar gafas o pintar, era suficiente razón. Dieron armas a los niños y los pusieron de su lado.

El pintor Vann Nath, uno de los pocos supervivientes del S-21, pintaba algunas escenas al terminar aquello. Pero hay cientos de testimonios visuales y hablados. Se escuchan visitando las Killing Fields (los campos de exterminio) y se ven en el museo S-21, que antes de centro de tortura fue un prestigioso colegio…

Pero te lo contarán en primera persona si preguntas en la calle. 

Acabaron con colegios, hospitales, dinero, coches, religiones… Los ciudadanos fueron desplazados de las ciudades al campo, torturados físicamente, moralmente. Obligados a trabajar, a matar a sus iguales. Con balas, palmas, golpes (era más barato). A los bebés contra los árboles, delante de sus madres. Con la música alta.

Mientras, se convertían en el mayor productor de arroz del mundo.

Y así, entre ejecuciones, enfermedades y hambruna, acabó con un tercio de la población del país en menos de 4 años.

Cómo se recomponen los pedazos de las personas que sobreviven, de la comunidad? Se puede? 

Todos esos hombres responsables, de verdad murieron de viejos con la conciencia tranquila? Y los que aun viven (y libres!), de verdad pueden vivir con ello?? Este link de 20minutos es un superesumen.

Cómo es posible que el partido responsable tuviera representación en la Onu aun habiendo sido derrotado tras el genocicio? Cómo podían el resto de representantes dormir por la noche… Nos llegaba información sobre este atentado?

Alrededor de todo esto, con los auriculares puestos en las Killing Fields, al otro lado de la alambrada un hombre mayor mutilado pide dinero. Fuera está el caos de la ciudad, que intenta sobrevivir haciendo negocio contigo.

Vaya conflicto, no? 

 

La sonrisa constante

Pero sucede algo maravilloso, y es que las nuevas generaciones sonríen, y mucho!

 

Para nuestra sorpresa los niños nos hablaban en inglés, serían 6 y revoloteaban alrededor de una mujer, entre jugando y ayudando a recoger y plantar una especie de boniato, después de haber ido al cole bien temprano.

En ningún país nos saludaron tanto, niñxs y no tan niñxs corren al camino para decir “helou!!”. Si consiguen tu saludo de vuelta estarán recontentxs, y tú también. Así que el intercambio es constante. Momentitos de felicidad. Alimento para el alma.

A pesar de vivir con poca posa parece que sea suficiente. Un techo y una cama, un fuego para cocinar, agua, una hamaca y unas gallinas. La vida en la calle. Un cole improvisado.

Aunque de verdad, hay mucha pobreza… entonces… es suficiente?

Encontramos varias escuelas, que además se anuncian en workaway o en Facebook, que acogen voluntarios para cortas o largas temporadas, para dar unas horas de clases al día. Algunas por un módico precio.

Sí, los voluntarios también pagan. Teniendo en cuenta los pocos recursos en estas zonas, poner un precio para darte de comer y alojarte puede ser razonable. Ellos ganan, los niñxs ganan, tú ganas… no sé, cada uno que saque sus cuentas.

En la ciudad sobretodo parece que éramos a sus ojos solo una fuente de dinero, extranjero viajando=dólares, y la amabilidad se la llevaba el viento cuando veían que no había negocio. Pero nosotros teníamos a Raquel, que regateaba hasta el infinito, y más allá.

Los visitantes tenemos que pagar por casi todo, y a veces un precio un poco excesivo (este 2017 han incrementado los precios una cosa bien), como templos o palacios. Lo que de verdad, al final nos generaba un poco de cansancio. Al final pasamos de subvencionar palacios (pero nos hicimos fotos fuera) y alquilamos motos y bicis para explorar.

Intentan vendernos pájaros enjaulados que se aplastan unos a otros, 1$ por su libertad! Los liberaría a todos señora, si no fuera porque en cuanto caigan en picado porque la mayoría ya casi ni pueden volar, los van a volver a cazar, enjaular y vuelta a empezar… 

En las zonas rurales, como los alrededores de Siem Reap o Battangbang, además de respirar, también nos dieron agua cuando el sol apretaba, nos sonreían por nada, probamos semillas de flor de loto gracias a una mujer que se metió en el agua y visitamos templos medio abandonados, rotos, donde nadie habla inglés y parece que el tiempo no avance.

En la ciudad no podíamos respirar, los vendedores, los tuctucs, el tráfico, el nivel de contaminación…

Pero salimos de ahí y descubrimos el campo, los arrozales, las flores de loto, las plataneras, los templos pequeños… y las niñas que corren a saludarte como si fueras la primera que ven sus ojos. 

Camboya presenta la cruda realidad de un bofetón en cuanto plantas el primer pie, pero además enamora…

Bienvenidos a esta locura 🙂

 

7 thoughts on “CAMBOYA, de la triste historia a la sonrisa constante”
  1. teresa mayo 23, 2017 on 9:05 pm Responder

    Fantástica narración guau que experiencia. Me encanta besossss

    • Rebeca junio 2, 2017 on 5:50 am Responder

      Besos mamasita

  2. Irene mayo 24, 2017 on 7:52 am Responder

    Relato suro, pero a veces la realidad lo es. Me gustó mucho amiga!

  3. Irene mayo 24, 2017 on 7:53 am Responder

    …quería decir DURO 🙂

    • Rebeca junio 2, 2017 on 5:49 am Responder

      La realidad es muy loca amiga…si…

  4. Alfonso mayo 24, 2017 on 1:38 pm Responder

    Buenísimo! Gracias por contar tanto y tan bien

    • Rebeca junio 2, 2017 on 5:48 am Responder

      Gracias Alfonso!! Que alegria 🙂

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