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A QUÉ HUELE CEBÚ?

Cebú city huele a tubo de escape y a pollo frito.
Su gente es fantástica, alegre y amable.

Hay algo que nos divierte, nos gusta, de estos lugares, y es que no hace falta aparentar que estás trabajando. Si no tienes clientes por qué no echarse en la hamaca o echar una cabezada? Y no hace falta disimular…

Y nos encanta mucho que haya garrafas de agua por toda la ciudad para rellenar nuestras botellas por una moneda.

 

Días inesperados!

Nuestro primer día en Cebú recorrimos la ciudad visitando cada punto de interés histórico sobreviviendo al tráfico infernal y al intenso calor.

Aprovechamos cuando otros cruzaban la calle y nos pegábamos a ellos. Así cruza uno en estos países, parando el tráfico estilo Moisés.

En Casa Gorordo conocimos a Bella, nuestra guía y nueva amiga, inteligente, joven y alocada. También nuestra mujer del tiempo, que nos iba informando de cómo avanzaban los tifones poniendo a prueba nuestros nervios…

Aquí empezamos a descubrir mejor la historia entre España y Filipinas. Partes del lenguaje que aún compartimos!
No dejamos de sorprendernos con la herencia religiosa y ellos también se sorprenden de que seamos españoles y no tengamos la gran fe que sienten ellos (viniendo de nosotros!).

No dejamos de sorprendernos con el imperio español… la que lió…
Se alegran al saber nuestra nacionalidad, están agradecidos y orgullosos de que el Santo Niño sea su protector y su guía, y así lo celebran. No puedo transmitir cuánto!
Para nosotros, paradójico que los colores de la bandera española estén por todas partes o que la navidad dure 4 meses…

 

Sinulog Cebú

 

Encontrarnos a los Reyes Magos aparcados en una acera o a la Virgen de Guadalupe en la Iglesia más decadente.

 

 

 

Homenajes a Legazpi (que para mi era solo una parada del metro de Madrid) o aborígenes adoptando imágenes católicas… Siempre con una sonrisa.

 

Sabéis que con la llegada de los españoles empezaron a hacer la prueba del pañuelo a las mujeres en casa del obispo? Los filipinos adoptaron también esta costumbre que, afortunadamente, ya cayó en el olvido.
En casa del obispo había (entre muchísimas otras cosas) mecedoras para vagos (por qué nosotros no tenemos?) y un mantón de Manila, que aquí solo es una pieza de tela sin nombre. Nadie sabía nada sobre su origen, que al final resulta ser chino.

Estábamos entusiasmados de poder acribillarnos mutuamente a preguntas, qué difícil explicarle a nuestra guía quiénes son los gitanos o para qué son los mantones de Manila que no son de Manila.

El día nos fue llevando por una boda, un velatorio, un cumpleaños, una casa muy vieja llena de reliquias polvorientas…y al final acabamos en un gimnasio ensayando la coreografía de las fiestas con uno de los grupos de baile. Que mal lo hicimos, pero que bien creíamos que lo estábamos haciendo…

Por un momento Raquel y yo nos vimos en el gran desfile…
Gran final para ser el primero!

Al día siguiente empezaba la convención de tatuaje...

Con los días vamos entendiendo que, aunque Magallanes impuso la religión, no se ha vivido igual que en Europa. Por aquí no pasó una inquisición por ejemplo, y las fiestas parecen más paganas, menos serias. En los desfiles del Sinulog una carroza del Libro de la Selva con el Santo Niño en brazos del gran gorila, baila al ritmo de un tema de Ketama. Ahora que estamos tan gustito, tan agustito…

No cabe un alma por la calle. La gente baila, grita, en las carrozas hay famosos saludando (ah…por eso gritan…). Todo el mundo nos saluda y nos manchan con pintura de colores, las barbacoas echan humo y todo el mundo dice ¡viva pit senyor! Nosotros también, claro!

Ni hogueras, ni fallas ni San Fermín, estamos impresionados con la magnitud de esta celebración.
Aunque todo el mundo ríe y disfruta, en nosotros hay un puntito de tensión. El calor, las miles de personas, los helicópteros militares volando a ras de la plaza, la SWAT está ahí, a pie de desfile con la metralleta en la mano.

El gobierno desactivó la señal telefónica para controlar la amenaza terrorista… creo que con menos información hubiéramos sido más felices…

 

Todos están tranquilos porque el Santo Niño les protege, ni bombas ni tifones llegarán a la ciudad!

Justo este día festivo buscamos couchsurfing para alojarnos en la ciudad, el alojamiento normal estaba agotado. Y nos acogió Shannon. Mi primera experiencia en pleno corazón de la fiesta con final curioso, con un tatuaje del símbolo Couchsurfing para nuestra anfitriona.

 

En busca del paraíso de las fotos

Por unos días disfrutamos a trompicones de las playas.

En Moalboal compartimos playa con una tortuga marina, solo nos tuvimos que poner las gafas y avanzar unos metros, ella estaba ahí, comiendo, y no le importaba si íbamos o veníamos, ajena a la emoción que nos causaba estar a su lado… qué suerte!

 

Además de tortugas y mucha gente haciendo buceo, son muchos (son todos) los niños que después del cole nos persiguen para vender souvenirs. Y son muy buenos vendedores, no sé si como un juego o como un trabajo… así está la cosa.

 

En Panglao repetimos pero con un tour de por medio. Nadamos tras las tortugas en lo profundo y disfrutamos como niños de un santuario de peces impresionante, cientos de peces de todos los colores!
Pero como en una excursión del cole… 30 minutos y a la barca…

La playa de Alona está hecha por y para el turismo, pero en la isla hay otras… donde en vez de mil farolillos de colores que hacen de la playa un sitio encantador para tus noches, solo hay luciérnagas que las hacen mágicas, y nada más (ni nada menos).

Cogimos unas motos y nos fuimos hasta las famosas Colinas de Chocolate. Llovía, llovía, llovía más según nos acercábamos a la montaña…ay madre cómo llovía! Me caí, llegamos y salió el arcoiris, ay!!

Pero recuerdo este día en moto como el más bonito, el paisaje más tropical!

Nuestro paraíso estaba nublado, lluvioso, con tifones y maremotos rondándonos. Por suerte nos fuimos esquivando. Durante días los barcos ni salían. Pero una semana después de irnos dicen que salió el sol…

Toda nuestra estancia fue intensa, por el clima, por el pulso de la ciudad. Por el olor, la multitud, los niños pidiendo…
La mezcla cultural, de lo viejo y lo anterior, que aun se respira aquí y ahora.
Nos llevamos a Bella, baños con tortugas, paisajes preciosos y el superpoder de parar el tráfico moviendo solo una mano.

Walay Sapayan!

 

 

2 thoughts on “A QUÉ HUELE CEBÚ?”
  1. Fran marzo 22, 2017 on 10:08 am Responder

    Bonito exagerado es leerte. ❤

    • Rebeca marzo 31, 2017 on 11:54 am Responder

      Bonito saber que alguien al otro lado

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