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CONOCIENDO TAILANDIA, Chiang Mai y Pai

Es mejor pedir perdón que pedir permiso

 

Así llegó Raquel a este viaje, y así nos arrastró 🙂 Vaya consejos que da tu padre!

Así nos evitamos algunos peajes, y así nos encontramos una noche solos en un templo, cagadas agarradas del brazo y alucinando con estar allí, mientras toda la ciudad de Ayuthaya estaba en fiestas, a pocos metros de nosotros, por el nuevo año chino.

Al amanecer volvimos a darle los buenos días al sol, antes de que abrieran los recintos. 

Y estos momentos nos tienen precio…

amanecer en Phra Si Sanphet

Pero si vas a Lopburi, la ciudad de los monos, la regla cambia: mejor pedir permiso que pedir socorro (no juegues con ellos).

Nos vinimos arriba con eso del ahorro, y compramos un pasaje de tren nocturno en clase para llegar a Chiang Mai. Con 3 o 4 horas de retraso y no recuerdo cuantas horas de viaje… 13? Con mucho frío y sentados en asientos rígidos y apretaditos. Nunca más.

 
Chiang Mai

ese cuadradito en el mapa lleno de templos, masajistas y hostales.

Peleas de muay thai, excursiones, tatuajes con monjes, y masajes muy baratos son de las actividades más normales que puedes hacer aquí. O también puedes aprender a hacerlas tú mismo. 

Y por supuesto, comer en la calle.

De las decenas de hostales que hay en la ciudad, fuimos a caer en el callejón (por barato), en uno regentado por muchachas voluntarias de China. La mayoría de sus viajeros también lo eran. Así que las reuniones eran cuatrilingües.

En Chiang Mai conocimos a un hombrecillo de unos 60 años, que con cariño llamo el antimonje.

Nos invitó a su humilde morada, dentro del recinto del templo. Todo estaba pintado de colores por él mismo. Tenía una gran tele de plasma y una barra para hacer dominadas. Me invitaba a cigarros, pero no fumo. Que a Buda no le importa que fumes, me decía!

Se planteaba si en unos años dejaría esta vida para volver a ser un ciudadano más, se ve que una mujer le pretendía. Se ve también que andaba un poco aburrido. Pero claro, tendría que volver al estrés de trabajar para conseguir dinero. Ahora no tenía dinero, pero tampoco lo necesitaba.

Cuando comprobamos la normalidad de que muchos tenían móviles modernos, chats de monjes para consultas y selfies a go go…  nos fue cambiando el concepto que tenemos en occidente.

Eso sí, cuidado en el autobús, nosotras no tenemos permitido el contacto físico con ellos.

Visitamos Chiang Rai a la carrera, en 1 día y por nuestra cuenta, nada de tours. Templo Blanco, Templo Negro y a casa, fácil… Pero no!!! El tuc tuc que nos llevaba al autobús de vuelta nos hizo llegar tarde. Y para nuestra sorpresa nadie nos echó una mano. Ni nos dejaron montar en el siguiente autobús porque faltaba un asiento…. (pero si en este país van 4 en una moto!!!!), y nadie haciendo autostop paró.

Solo una mujer que iba en otra dirección, y le dimos tanta pena que nos compró la cena…

Pai, prepara biodramina

Para llegar desde Chiang Mai hay 762 maravillosas curvas y para advertir de esto alguien diseñó una acertada señal con un hombrecillo echando el higadillo, que es un sentir general…

Hay quien opina que esta ciudad hippy es de pega, de cara al turismo. A mi me gustó mucho a pesar de su masivo turismo de fin de semana, y no tengo tan claro que los hippis thais fueran de mentira… y si lo eran… bueno, pues gracias por darnos ese ambiente 🙂

Aquí tuvimos las peores motos de la historia, o las peores cuestas, no lo sé. Pero teníamos que o bien coger carrerilla o bien subirlas andando y dándole puño a la moto.

Además de comer pad thai y pad seew casi a diario, ñam.

cogiendo carrerilla, Raquel a pie

De nuevo otro de los mejores momentos era recorrer los alrededores con las motos, y llegar a ver el atardecer desde el mejor lugar. 

La única pena es que en Marzo estamos en época seca y de quemas, y a tramos parecía que pasábamos por los restos de un incendio. Otra pena? Los elefantes encadenados sin espacio para quien quiera tocarlos 🙁

Dicen que en Pai también está el mango más alto del país. Está dentro de un hotel, y la verdad… hacer como que te alojas ahí un ratito, hasta que te echen, sienta hasta bien.

Volvimos a Chiang Mai para despedirnos, por unos días cada uno necesitaba hacer su camino, yo buscaba mi retiro o aprender a tatuar con bambú. Al final, me iría de retiro……….

 

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