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ENTRE TEMPLOS Y MURCIÉLAGOS

 

Seguimos nuestro camino en Camboya para visitar…

 

los imperdibles templos de Angkor!

Son impresionantes… es el conjunto del lugar, la poderosa naturaleza, las piedras, los templos, la historia.

Pusimos base en Siem Reap durante 1 semana aprovechando que encontramos un lugar bueno, bonito y barato para dejar de correr. Viajar corriendo, con calor, negociando precios constantemente… AGOTA.

Además, afortunadamente, tuve un encargo desde Bus Idiomas, una escuela de idiomas española, para hacer una ilustración, y este patio se convirtió en mi lugar de trabajo.

Cruzando los dedos para que el wifi funcionara y poderlo entregar a tiempo y rociándonos de repelente de mosquitos hasta el bigote, la verdad es que fue un placer y un descanso.

Como nos parecía abusivo el precio de 3 días para visitar los templos de Angkor (y además quizá 3 días era demasiado para unos ignorantes de su historia como nosotros) optamos por el pase de 1 día. Pero 1 día muy muy intenso.

El dia empieza a las 5 am esperando al señor del tuktuk. Nos tocó al tipo más paciente del planeta. Por mucho que quisiéramos cambiar su ruta, por más tocapelotas que fuimos, nunca dejó de sonreírnos. No le hacíamos mucho caso, nos estuvo dando vueltas más horas del precio acordado, corría de un templo al otro porque se nos antojaba ver el atardecer en el menos concurrido… Bendito! Que pena que no entendíamos ni papa de la poca historia que intentaba explicarnos. Búsquense a alguien con quien se puedan comunicar medio bien!

Hay otros templos, Roluos, menos populares. Aun en nuestra ignorancia, cogimos unas bicis y fuimos rodando hasta allí.

Quitando la mortal salida de la ciudad con un tráfico caótico y masivo, la cantidad de humo que tragamos y el sol abrasador… La ruta fue una pasada (una vez abandonado el asfalto). Aquí encontramos a todxs esxs niñxs que nos saludaban al pasar, los coles, los voluntarios, caminos de tierra sin fin…. y los templos, en campo abierto. 

 

Al rato de pulular por la zona básicamente nos echaron por no tener entrada, aunque no entráramos a los templos. Esta fue una discusión sin salida.

Pero oiga, en qué piedra del camino tendría que haber pagado? Cuántos metros nos tenemos que alejar para que nos dejen de echar? Todos los señores con walkitalquis tenían claro que esos 3 jipis aparcaron sus bicis y pretendían estar en los templos sin pagar. Creo que no éramos los únicos que solo queríamos pasear, pero bueno, fuimos los elegidos, los echados.

El camino de vuelta de nuevo fue genial y comimos riquísimo en un puesto de carretera. Éramos los únicos junto a un par de mujeres locales, pedimos las 2 cosas que tenían, y lo comimos tal cual lo comian ellas, bajo su atenta mirada… Muy muy atenta.

En Siem Riep también hay una calle muy famosa para los turistas, Pub Street, con la que no voy a perder el tiempo.

En busca de murciélagos!!

Templos viejos y desatendidos, señalados en el mapa pero no transitados. Creo que ya llegamos a Battambang. Aunque casi no nos entienden intentamos saber quién cocina, por qué hay niñas y niños allí, si viven, si estudian…  uno de los jóvenes monjes, con el que era imposible comunicarse, abrió el pequeño templo solo para nosotros. 

Ese regalo y las gracias fue toda nuestra conversación. 

Seguimos, buscábamos los murciélagos de la fruta, sin indicación en el mapa, y sin tuktuks que nos dieran el tour. Aprendimos a decir murciélago en camboyano y preguntando mil veces a través de mil caminos llegamos a ESE árbol, donde habitan estos bichos enormes.

Por fin bebimos y comimos a precio camboyano, allá donde Cristo perdió las alpargatas, contemplando los murciélagos de la fruta.

Seguimos corriendo caminos de tierra, a veces se levantaba tanta que no veíamos. Tragamos tierra pa esta vida y pa la siguiente. Entre eso e ir contemplando el paisaje a veces perdía de vista a Raquel y Abraham, o se me iba la olla y me pasaba de largo el camino… dónde estarán estos??  Y estos me estarían buscando, una vez más.

A las 6 pm debíamos estar en la cueva, donde puntualmente millones de murciélagos salen en busca de comida.

A pesar de todos los turistas que nos aglomeramos allí, a pesar de la importuna música estruendosa que ponían los locales para que los guiris jubilados se echaran unos bailes… el espectáculo fue espectacular. 

Cuando lo cuento no puedo transmitir cuanto de impresionante es, no pude cerrar la boca hasta que se hizo denoche y ya, simplemente, dejamos de verlos. Salían sin parar, formados en una ancha columna que ondeaba sin aparente lógica para nosotros, pero ondeaba a la perfección. Si por (des)gracia de los golpes de la música se separaban, enseguida se volvían a juntar. 

 

A cada golpe se separaban, como si tiraras una piedra en el agua. Maldito turisteo.

Dejamos mucho que ver y que hacer en Camboya. Nos fuimos hacia Tailandia pensando que algún día volveríamos y le dedicaríamos todo el tiempo que se merece, no solo 20 días. Nos quedamos cortos.

La mayoría de veces, hasta que no llegas a un lugar no descubres cuánto tiene por ofrecer ni cuanto tiempo necesitas.

Con esta sensación nos montamos en un autobús con destino a Bangkok, empujados por ese impulso de seguir y seguir…

 

Pasar la frontera de Camboya a Tailandia? Una maravilla oiga!

De repente los niños sonrientes, la gente amable, la naturaleza, los caminos infinitos que recorrimos…. de repente se convirtieron en pasado.

El presente era un cabreo de aquí a Lima con los policías que pasaban el control de la frontera, que intentaban cobrarnos de nuevo los 40€ de visado por no llevar impresa OTRA fotocopia del mismo, que se quedaron a nuestra entrada.

Anda, mira que listos. Corre, vuela! a imprimirla otra vez.

-Oiga, la fotocopiadora?  -Uf!, muy lejos! Tuctuc?  -Que le zurzan caballero, me han dicho que estaba al cruzar la calle -Ah pues no sé…

(Llegamos) Hola, sí, fotocopia en blanco y negro? 2 dólares. 2 DOLARES!!??

Me encantaría decirle lo mismo señor, que le zurzan, pero si no hago la fotocopia, no salgo. Así que adelante, tómenos el pelo. Espero que su chalet esté precioso.

Largas colas, muy largas. La de salir de un país y la de entrar al otro. Cruzar la frontera a pie y buscar tu furgoneta pensando que lo mismo no te habían esperado… no tiene precio.

TAILANDIA, carreteras bien asfaltadas y edificios. Quilómetros y quilómetros de tela adornando el país en señal de luto por su difunto y querido presidente. Esto fue lo primero que vimos y teníamos 3 semanas para disfrutarlo, sería suficiente?

 

 

 

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