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KANCHANABURI

 

Marcamos en el mapa qué lugares queríamos visitar de Tailandia y empezamos por… Kanchanaburi!

Yo no lo había oído nombrar en mi vida. O sí? Allí se encuentra el famoso rio Kwai… ah! el de la película El puente sobre el rio Kwai!

Nos decían que ir en minivan (en furgo) era muy fácil. Pero vaya, qué aburrido hubiera sido de ser así…

 

De negocios…

El día elegido había una gran celebración en honor al difunto rey tan querido. Damos fe, incontables grupos de personas vestidas de negro andando, esperando autobuses o marchando hacia el Palacio Real. A tramos casi ni podías avanzar.

Preguntamos a todo el mundo, civiles, policías, conductores… pero la parada de vans no estaba donde debía estar. Cada uno como podía (incluso por megafonía!) nos indicaba un número diferente de autobús. Cuántos pues????

Llegaron 2 hombres que nos ofrecían llevarnos en moto por unos céntimos a donde fuera que estuviera la esperada minivan. En 2 motos? Si somos 3 con mochilas! Uno de ellos, no sé en que momento de la negociación, de repente llevaba un inhalador nasal mentolado metido en la nariz, colgando, pero como si nada. El pelo le llegaba por la cintura, y los dientes….creo que conté 6, pero bien grandes.

Discutíamos sobre el precio y sobre a dónde nos tenían que llevar. Abraham y Raquel se dejaron llevar por un ataque de risa viendo la escena. Yo los veía de reojo… A los policías no parecía sorprenderles el inhalador, y a mi, no sé por qué, tampoco, de hecho mientras discutíamos pensaba “caramba… si yo tengo uno de esos en la mochila”. Tendría que habérmelo colgado como él para hablar de igual a igual. 

El personaje y sus amigos nos quisieron tomar el pelo y tras el paseo en moto acabaron por dejarnos en el mismo lugar donde nos encontraron, cómo sería que ni nos pidieron el dinero…

El siguiente policía al que preguntamos paró un autobús (que no era ninguno de los que nos habían indicado antes), nos metió, le dijo algo al conductor y chimpum. Nos miramos y nos resignamos a confiar, al fin y al cabo llevábamos 3 horas sin conseguir ni empezar el camino. Casi 1 hora después estábamos por fin en la minivan. Entendimos que por el homenaje al Rey, la parada había cambiado de sitio….

Llegamos a Kanchanaburi!!

A lo largo del Rio Kwai hay muchos lugares donde dormir por 2 duros si no eres exquisito. Nosotros no lo somos.

Encontramos muchas personas extranjeras que viven aquí. Tan barato es para los occidentales… por menos de 90€ al mes tendría una pequeña cabaña de bambú en un precioso lugar como este (y un sin fin de mosquitos también :)).

Aunque gran parte de mis vecinos serían señores en busca de jovencitas tailandesas. En los bares de la calle principal es la estampa diaria (o nocturnaria?)

Este es otro lugar donde aprendemos historia de la fea:

 

El ferrocarril de la muerte

En esta ocasión la liaron los japoneses en la II guerra mundial, aproximadamente 90.000 trabajadores asiáticos y 16.000 prisioneros de guerra murieron en directa relación por su participación en el proyecto. La construcción del ferrocarril de Tailandia a Birmania para abastecer a sus tropas de forma más segura… A partir de aquí, como siempre, atrocidades mil.

El viaje en el dichoso tren, hasta donde termina la vía, de verdad que merece la pena…

Hay un pequeño cementerio, el de la guerra, al lado del cementerio chino.

Has sentido una gran pena que aparentemente no fuera propia? 

Es una pena colectiva… y vaya si se siente… 🙁

Nos llamó la atención un señor, llevaba bastón (por cojo, no por viejo). Venía a diario a visitar a su tio al que nunca conoció. Se alistó en Europa, su destino fue Singapur, donde los japoneses lo atraparon como prisionero de guerra. Una noche de bombardeo le cayó una bomba en el pecho, y se acabó.

Me da rabia, impotencia, leer las reconfortantes inscripciones que rezan que murieron sirviendo a su país. Valientes fueron y mucho, pero servir sirvieron a una serie de sinvergüenzas sinescrúpulos.

Ese día era su última visita, ya estaba mayor decía, volvía a su país.

 

El parque nacional de Erawan!

Hay cosas difíciles de describir en fotos o en videos.

La grandeza de un bosque bien protegido o poco transitado, sus sonidos, la vida que bulle en cada paso.

Cogimos el autobús…donde nos dijeron… en ese punto de la calle donde no hay ninguna señal y las señales las tienes que hacer tú para que el bus pare… Pues ahí.

Ya iba lleno, y lo llenamos un poco más. Casi 2 horas de trayecto amontonados de pie y llegamos al destino.

Echamos a andar por un pequeño trail a través del bosque de bamboo, hasta llegar a las cascadas. 

Sabes esas fotos que vas guardando de lugares a los que te gustaría ir de aguas cristalinas… lianas, mariposas, varanos… Erawan es uno de esos lugares.

 

Por donde andamos, bordeando el rio, haría un tiempo también corría el agua, y las rocas están redondeadas, marcan caminos y forman estalactitas. Todo, todo, entre bamboos y enormes árboles. Árboles caídos, o quemados, los más grandes vestidos con telas de brillantes colores, ofrendas para los espíritus del bosque. Árboles que apuntan al cielo, que trepan entre sí, que extienden sus raíces de manera salvaje, ayudándonos a subir, a sujetarnos, a columpiarnos. 

Que impresionante debe ser cuando todos nos vamos. Sin voces ni gente haciendo posados de verano.

Me parecía el bosque encantado, Raquel se imaginaba una peli de terror.

El río está lleno de peces, aquellos que cogen para que metas los pies en una pecera y te quiten las pieles muertas. Esos. 

Mi primer susto ante el primer mordisqueo se lo cobró una china sentada a mi lado. Del susto saqué la pierna del agua de una patada y toda, toda, fue a parar a ella. 

A partir de ahí, a cada grito ya sabíamos que era cosa de los peces.

A la vuelta casi perdemos el autobús, y corriendo tras él casi pierdo los pantalones…

Confieso que Kanchanaburi es uno de mis lugares favoritos y es aquí donde empezó nuestra dieta a base de pad thai, pad seew y huevos duros.

Bueno bonito y barato 🙂

 

 

 

 

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