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WATRAMPOENG, de retiro

Con faldas y a lo loco

Parecía una película, pero Julia Roberts no era yo. Megan entró en el mismo grupo pero se quedaría 26 días. 

Entramos 14, la mitad nos iríamos en 10. O no teníamos tiempo o nos parecía suficiente.

Llegamos, entregamos nuestros teléfonos móviles, cogimos la ropa de cama y la ropa blanca que llevaríamos cada día. Un cronómetro y una placa de Silencio. Nos enseñaron nuestras habitaciones. 

 

Que bien me sentía el primer día…

como si fueran vacaciones… habitación sencilla, terraza, casas de madera, árboles enormes, jardines hermosos, templos preciosos donde pasar estos días. Todo limpio y muy cuidado. Gente amable y sonriente. Comida rica…

Solo había que sentarse y meditar. Maravilloso.

Hacía un par de días me había llegado una mala noticia así que seguro que esto me vendría bien…

Siempre me sobrevolaba la idea de un retiro solo por unos días, pero se me iba olvidando… encontré a varias personas en el viaje que iban o venían de uno de ellos y me lo recordaban. Así es el camino.

Pero fue con David, en Siem Reap, donde empecé a buscar en qué templo y en qué país hacerlo. Es duro… me decía.

Para nuestra sorpresa todas las plazas estaban ocupadas (al menos mediante internet), parecía que en Tailandia no iba a poder ser.

Pero el amigo monje de la amiga china de mi amigo Abraham (versión asiática de la amiga de la hija de mi vecina…) sugirió que probáramos suerte en Wat Ram Poeng. Y allá que fuimos con la moto. 

Debía ser la hora de barrer, porque era lo único que hacían, hombres y mujeres, barrer el recinto lleno de hojas secas enormes… y allí acabé, barriendo una y otra vez, como la vida misma.

Época seca en Tailandia. Estar terminando de barrer, y que en un soplo de viento de repente hayan más hojas que al principio…

 
Segundo día.

4:30 am, suena la campana, caramba que frio…

10:oo am, ay dios qué calor…

Muero de calor, no entiendo por qué los monjes llevan un hombro al aire y nosotras tenemos que llevar camiseta interior, camiseta y sabai (fular). Bueno, sí, para disimular la figura. Pero hace tanto calor… los mosquitos me tienen tan frita, queman los pies. Si me unto en repelente pican en la cara. Los minutos no pasan.

Ya ves, de repente todo son quejas.

No herir, no comer desde las 11 am, no comportamientos sexuales, no dormir más de 6 horas, no escribir ni leer, son algunos de los preceptos que se aceptan al llegar.

Y meditar, si es posible, unas 10 horas al día. 

Y barrer. Y barrer.

Corrí a mi habitación a quitarme la ropa, me tiré en la cama, me duché, y con el grifo intenté ahogar a todos los insectos que pude, no sé si alguno cayó, pero me comía la rabia. Muerte y destrucción!!! arggggg!!! Y comí, comí por la noche!!!! Y además tuve malos pensamientos…. y además…. no me sentí mal!!!!

Intenté que me dejaran hacer algún trabajo de pintura, pero al ser alumna principiante… no coló. 

 

Dolor

Qué dolor. Todo lo que en algún momento haya dolido en la vida, dolió.

Cuello, espalda, costillas, brazo, hombros, rodillas, tobillos, estómago, corazón. Por qué si solo estoy andando despacio? Por qué si solo intento respirar?

Observa la impermanencia de todo, acéptala. Es la respuesta sonriente de los monjes… y de verdad que salíamos reconfortadas después de hablar, porque en el momento en que todas esas quejas salían de tu boca, y ese o esa monje ni se inmutaba…. perdían fuelle, y te ibas directa a volver a empezar con todo el power del universo.

Que el dolor cambiaba a diario, incluso a horario. Mi mente cambia por segundos.

Hoy me quiero ir corriendo de aquí, mañana no.

Entre tanto miro a Megan de lejos, y aunque no hablamos, nos reímos del aire. Está sentada meditando y se mueve como si llevara los cascos puestos.

 

Las comidas…

son parte de la práctica, se canta, se agradece… y a comer, en silencio. 

Pasaba algo en la comida que a nosotras nos desconcertaba. Las tailandesas y las chinas no paraban de charlar, incluso se quedaban su ratito de sobremesa. El tema es que nos daban conversación, nos daban palique! aunque te pusieras la placa de silencio en la frente.

No nos explicaron lo mismo al entrar? Eso sí, todas ellas estaban teniendo una experiencia maravillosa, y además eran las últimas en irse a dormir meditando… todos mis respetos.

La comida? Toda donada, toneladas y toneladas de verduras, frutas, pastas, tofu….carne.

Como a las 11 am era la última comida comíamos aun sin hambre (mal, pues se come lo justo para tener sustento), así, como si no hubiera mañana. Si apenas podíamos con las raciones que nos ponían… y aun la gente repetía.

No, no pasamos hambre… Bravo por las cocineras 🙂

Algo que no me quito de la cabeza era el tofu megafrito (deep fried tofu), que sabía a corteza de cerdo… lo puedo jurar.

Por lo general los monjes se levantan muy temprano y van con su zurrón a pedir alimento o dinero. Son tan respetados que a poco que tengan todo el mundo colabora. Pero en este tipo de templo ya no les hace falta, tienen sponsors, la montaña va a Mahoma.

En consecuencia, normalmente, quien necesite un plato de comida lo tiene, la comida que sobra sale de aquí en camiones (nunca pregunté a dónde) y en cuanto a nosotros… te quedes una semana o 2 meses, la aportación es totalmente voluntaria.

 

El último día

dejé de mirar el reloj y el tiempo fue ligero.

El dolor menguaba.

Dejé de mirar a mis compañeros.

Me dejé llevar por nada. Vi que quien tomé por “alumnos excelentes” no lo pasaban mejor que yo. Que a todos y todas nos dolía algo. Y que otros disfrutaban de una nueva experiencia dejando a un lado todas las quejumbres.

Que aburridos estarían los monjes escuchando cada día la misma cantinela: es que me duele todo, es que no me centro, es que echo de menos a mi abuela, no paro de llorar, es que no sé qué hago aquí…

Creo que esta técnica no fue para mi. No en todos los templos se practica igual aunque sean budistas.

Hay gente que cambia en estos retiros, un clic! (aunque un clic de entendimiento te puede dar cualquier día sentado en el retrete) y los habemos que seguimos buscando con una experiencia más.

Cuando ya pudimos hablar…. algún señor comentó que la mujer no puede llegar a la iluminación, por qué? no estamos trabajando con la mente?? Pues es tradición, Buda no era una mujer.

Dicen que Buda ordenó a su tía, pero por pesada.

Aha, pues mejor no preguntamos más…. debo estar perdiéndome el fondo del asunto enredándome con nimiedades como esa, porque a todas las mujeres que viven aquí se las ve felices y contentas, como en cualquier convento, o más!

Los días siguientes me seguía despertando a las 5am y practicando. Estaba nerviosa. Vuelta al ritmo de la ciudad de Chiang Mai.

Antes de entrar me despedí de Raquel y Abraham tras viajar juntos 2 meses y a la salida del retiro llegaba mi prima Inés, justo a tiempo para compartir un estado indefinido después de 10 días peleándome conmigo 🙂

 

 

 

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